Ha llegado el momento, este es mi momento del día, el momento de la creación.
Después de una cálida ducha entro en mi habitación: mi santuario. Es mi lugar, ahí donde SOY YO. Cada objeto de la habitación está exactamente donde yo quiero. Cada cuadro, cada adorno, cada tela, cada cortina y cojín. Todo lo he elegido yo, cuidadosamente. Según entras lo primero que te llama la atención es la cama de forja lacada en blanco. Del techo cuelgan unas cortinas de encaje blanco. Están recogidas con una tela blanca con pequeñas rosas rojas y rosas. La funda nórdica que cubre la cama también presenta un patrón de pequeñas rosas rojas. Los cojines son verdes y rojos y a los pies de la cama se extiende una colcha carmesí doblada de forma rectangular.
Las paredes son de un rosa pálido. Destaca el color berenjena del armario empotrado que se encuentra en una de ellas. Al frente hay un gran ventanal y bajo él un banco lleno de cojines. Es ideal para leer o coser. Las ventanas tienen unos estores color tostado con un bello fruncido. Del techo cuelgan unos visillos blancos a juego con los de la cama. La orientación es suroeste, lo que la convierte en una habitación realmente luminosa. No puede verse el exterior, pero en él hay unas contraventanas de madera. Estas sólo se cierran en verano, en esos días tan calurosos, y en los crudos inviernos, cuando el viento o las heladas arrecian contra la casa.
Cerca del ventanal hay una pared de un metro de ancho que corre paralela a la cama, y apoyada en ella se encuentra una pequeña mesita de madera lacada también en blanco. En ella descansan un portátil, una impresora, algunos bolígrafos, la pluma Mont Blanc y algunos papeles. Sobre ella, dispuestas por la pared, hay una miríada de fotografías y “carteles” con tips y frases destinadas a aumentar el Poder de la Atracción.
Envuelta en mi suave y confortable albornoz me dejo caer en mi pequeño rincón, preparada para enfrentar la creación de hoy. Es una costumbre que he adquirido y que ya se ha convertido en un hábito diario. Es tan natural como dar las gracias por todo lo que tengo cada mañana antes de levantarme. Cierro los ojos, respiro profundamente y comienzo…
Ahí está el claro del bosque, ahí estoy yo, o esa parte de mí que se encarga de la creación. Soy un hada, una niña, una pequeña y traviesa Campanilla. Visto gasas en diferentes tonos de verde y dorados. Mi pelo es corto y dorado. No rubio, sino dorado. En mi mano tengo una varita y hago lo de siempre: Río, bailo, muevo mis manos y mis brazos como si fuera un pájaro, o una ola, quizá una onda en el aire… Me siento inmensamente feliz. Los rayos del sol se cuelan entre las hojas de los árboles y me hacen reír más fuerte. Es la luz del atardecer, la que más me enamora. Y eso es lo que me pasa, estoy enamorada. Amo mi ser y mi persona, amo las plantas que me rodean, la hierba bajo mis pies, esa luz que me baña… Y este es el momento. Soy feliz, estoy emocionada y siento el amor correr por todo mi cuerpo. Estoy preparada para CREAR.
Creo (Y CREO) 40.000€ de ingresos inesperados este mes. Extiendo mi mano y toco el aire con mi varita. Ahí está, el cheque a mi nombre. Gracias.
Creo (Y CREO) El Taller lleno de cazadores que se preparan para iniciar el día y vienen a desayunar. Luego vuelven, alegres algunos, cansados otros. Las botas sucias de barro. Van entrando al baño para lavarse. Son como una marabunta ruidosa y jaranera. Hombres rudos pero camaradas. Felices de estar juntos. Comen y charlan, se ríen y están felices en mi casa. Es un ambiente realmente acogedor y les encanta. Además comen bien y nos sale muy rentable. Gracias.
Creo (Y CREO) un negocio nuevo destinado a ofrecer alojamientos en los pueblos de la zona como Ablanque, Riba, Saelices, Huertahernando Villar de Cobeta o Cobeta. Gestiono tanto la ocupación de dichos alojamientos como la empresa que se encarga de la limpieza y servicios de mantenimiento de los mismos. Durante el otoño y el invierno se destinan, sobretodo, a la caza. Algunos se destinan a parejas. Es un negocio que me resulta rentable a mí y los dueños de las casas. Lo hago de manera perfectamente legal. Gracias.
Creo (Y CREO) las páginas web necesarias para llevar mis negocios. Gracias.
Creo (Y CREO) la casa de mis sueños. Es antigua pero ha sido totalmente reformada. Es de piedra y sus muros son realmente gruesos. Es robusta y dura toda mi vida. Es muy confortable en su interior, con tarima en toda la casa, calefacción y chimeneas para que esté bien caliente en invierno. En ella hay un gran salón con una estupenda mesa de madera hecha con un viejo trillo restaurado. Hay un horno de leña, una bodega con una pequeña barra. Junto a ella se abre un ventanal que da a un pequeño balcón lleno de flores multicolores. Gracias.
Y mi hada interior se va desplazando por el claro, tocando el aire con su varita, entre saltos y vueltas, pasos de ballet, risas y algarabía. Y en el suelo van apareciendo los objetos o las imágenes de lo que va creando: un cheque, un El Taller en miniatura con sus cazadores, una casita de piedra…
Y sabe que la observo. Gira sobre sí misma y viene hacia mí, con sus pequeñas alitas. Me mira y me sonríe, la miro y la sonrío. Su rostro brilla con una luz dorada que surge de su interior y que baña mi corazón. —¿Qué más quieres hoy?— Resuenan sus palabras en mi cabeza. —Un libro escrito por mí—, respondo. Y sale volando otra vez al claro, toca con su varita el aire y aparece sobre el tocón de un árbol cortado hace tiempo. No lo veo, no sé el título, pero sé que es mío. Y seguimos con el proceso:
Creo (Y CREO) dar lo mejor de mí, algo bueno, a cada persona que se cruza en mi camino, respetando a cada uno pero dejándoles un grato sabor de boca. Gracias.
Creo (Y CREO) una maravillosa relación con el compañero de viaje perfecto para mí. Aquél que encaja conmigo y tiene el hueco perfecto para que encaje yo con él. Alguien que me completa y complementa. Y entre los dos creamos una maravillosa relación basada en el respeto y la libertad, el amor y la confianza mutuas. Y ya le amo. Gracias.
Creo (Y CREO) una base sólida en la vida de mis hijos. Una base con raíces fuertes que les permita crecer con fuerza y valentía. Gracias.
Y ahora miramos todo lo creado, mi querida Campanilla. Y nos sentimos bien, felices, amorosas, plenas. Y damos las gracias, primero mutuamente, con una breve reverencia y luego al Universo, a Dios, elevando nuestras manos y nuestros brazos al cielo y saltando y bailando como locas.
Ahora a descansar, a dormir en la cama de mis sueños, en ese maravilloso colchón que proporciona un magnífico descanso a mi cuerpo. Y que durante la noche mis sueños sigan atrayendo el bienestar y la prosperidad a mi vida.
Gracias Padre, gracias Universo, gracias Hada, por todo lo que tengo y por todo lo que viene hacia mí.