No, no hay resurrección ni nueva vida, sólo la misma vida de siempre, vieja y gastada, raída, maltratada. No lo he conseguido, me he quedado en el camino, usada y tirada, despeinada y sucia, como una muñeca abandonada. No, no veo camino alguno, ni final ni recompensa, ni felicidad ni salvación. Sólo estoy yo, sola y vacía. Nada puedo dar pues nada tengo. Y ahí sigo, sola, tirada, vacía y rota.
Días buenos, días malos y días peores.
La felicidad es el camino, me digo, pero no me lo creo.
Vive la vida, comete errores y aprende de ellos, me digo. Pero no aprendo, y sigo viviendo la vida a mordiscos desesperados, lanzando dentelladas contra cualquiera, porque el dolor y la culpa me llenan.
Es todo mucho más fácil y sencillo, me digo, y creo que en algún momento lo supe, pero no lo recuerdo. Y sigo complicando, retorciendo, repitiendo, reviviendo... Sin avanzar ni un cm, sin crecer.
Tuya es la responsabilidad de tus elecciones, me digo, y la culpa y los remordimientos me desgarran, y miro hacia afuera, y maldigo a todos aquéllos que me ofendistéis.
Entrégate a tu destino, relájate y déjate llevar que la Vida cuidará de ti, me digo. Pero sigo obsesionada con el control y me resisto con uñas y dientes, me aferro a los errores cometidos tantas veces, que ya son parte de mí; y no puedo, NO QUIERO soltarlos, y sigo en el mismo sitio.
Nunca más, me digo, la próxima vez lo vas a controlar, me repito, y SÉ que así va a ser. Y cuando más en control me creo más borracha de dolor estoy. Soy como una alcohólica que bebe vodka, jugando con una botella de whisky. Pero si no m gusta, pienso, nunca beberé de ella, jamás me emborracharé. Y aquí me encuentro, con una resaca impresionante, llena de culpa, pena, lástima, dolor... Y la botella vacía a mis pies.
¿Cuando aprenderé a alejarme de la botella?
Y sigo sobreviviendo. A veces me veo como un fantasma en un campo de concentración, un personaje de 'La Vida es Bella', fingiendo lo que no es, eludiendo la realidad. Sin enfrentarla cara a cara. ¿Y cuál es esa realidad? Simple, el problema está en mí. Pero no lo veo, no sé cuál es. Y mucho menos cómo ponerle fin.
Y aquí seguimos mi dolor y yo, mi pena y mi culpa... Quisiera hacerme chiquita, encogerme, ovillarme y esconderme. Cerrar los ojos y llorar. Quisiera hacerlo en los brazos de mi madre, como cuando niña. ¡Cuánto te añoro, mamá! ¡Qué falta me haces en estos momentos! ¡Qué triste estoy!
Qué sola me siento, necesito ayuda porque no puedo con esto. ¿Cómo voy a darles amor a mis hijos si dentro de mí no hay nada? ¿Cómo voy a ayudarles con sus sentimientos y sus inseguridades si yo estoy igual?
Necesito ayuda. NECESITO AYUDA. Y no sé cómo ni dónde porque sola no puedo. Lo he intentado, lo intento pero no puedo. Me supera.