Estoy haciéndolo, estoy rompiendo con los viejos hábitos. Por fin voy a poder. Sé que cada día estoy más cerca de conseguirlo. Sólo necesito una cosa: TOMAR UNA DECISIÓN. Y casi la tengo tomada, pero es más difícil de lo que creía porque debo sopesar las consecuencias. Ya no estoy sola en la vida, ya no soy yo la única que cuenta como antes. Ya no puedo dejarlo todo y empezar de nuevas, sin importarme nada ni nadie. Ya no puedo coger las maletas y marcharme de casa de papá como a los 18, todo porque quería vivir mi vida y solo la mía.
Ahora debo sopesar, debo esperar, debo tener paciencia, debo analizar las consecuencias de mis acciones, los sentimientos de los demás, las reacciones. Debo tener cuidado. Ya no soy yo sola. Ahora tengo una pareja y 3 hijos. Ahora somos una familia y, ¿cómo puede afectarles a ellos lo que yo haga?
Además, esta vez debo aprender a quererme. Ante todo he de aprender a quererme y respetarme. antes que nada y que nadie me debo a mí misma. Después podré decidir qué quiero hacer con el resto de mi vida, cómo quiero vivirla y disfrutarla. Porque, si no soy capaz de disfrutar de mí, ¿cómo podré hacerlo de lo que me rodea?
Estoy en el buen camino, está costando. ¿Por qué? Por miedo. El miedo sigue paralizándome. El miedo no me deja actuar, no me deja decidir, no me deja caminar. Y todo ello me hace daño. ¡Quién me lo iba a decir a mí! Antes era capaz de dejarlo absolutamente todo por un puro arrebato, por insitinto. Y éste nunca me falló. Quizá me llevó por caminos llenos de baches y pedruscos, pero siempre llegaba a buen puerto. Siempre le hice caso y nunca me fue mal. ¿Qué sucede ahora? No soy capaz de decidir qué quiero. Y hasta que eso no suceda no obtendré la ayuda necesaria de la familia, de los amigos, del universo, de mi instinto...A veces me frustro, en ocasiones me siento inútil, vacía, rabiosa, sola, triste. Otras me ocurre todo lo contrario, me comería el mundo, quiero saltar y reír, cantar y bailar... Hoy estoy enfadada.
Bueno, aquí sigo, compartiendo mi lucha interna, haciéndoos partícipes de mis indecisiones. Contándoos cómo es el camino que recorro. No me malinterpretéis, me gusta. Por mucho que me queje y me entristezca o enfurezca, por mucho que llore o me compadezca, estoy viva, me siento viva, más viva que nunca. Y quiero seguir estándolo. Ya he pasado mucho tiempo enterrada (por propia voluntad, eso sí), fría, seca, como muerta. Ahora he retoñado nuevamente y quiero sentir la savia recorriendo mi cuerpo, mis venas, mi piel...
¿Cómo o dónde acabará todo esto? No lo sé pero, ¿quién sabe cómo acabará o dónde le llevará su camino? Las decisiones de hoy no harán llegar a uno u otro lugar, qué más da a dónde siempre que sepamos que, lo verdaderamente importante, es el camino y lo que en él vivimos.
Nos vemos, pues, en ese largo recorrido que son nuestras vidas. Ya coincidiremos aquí o allí. Hasta entonces, feliz travesía, compañeros.
Qué sensaciones tan parecidas a las mías describes. ¿Será así para todas las mujeres? ¿Vienen con los 40? Ya acabó esa fase para mí; yo ya sí me quiero, cuido de mí, sonrío. Ya no estoy enfadada, ni triste, ni mal. ¿Que soy egoísta?, pues ¡lo siento!, seguiré siéndolo. Me gusta mi vida porque la vivo a mi manera, sin dar explicaciones de nada, ¡a nadie! SOY FELIZ.
ResponderEliminarLa 'resurrección' llega antes de lo que podemos imaginar cuando aún se está en medio del vendaval. Y se completa la metamorfosis; se cierra una etapa y la nueva se abre en todo su esplendor.