La vida es curiosa. Las personas son curiosas. Y más curiosas son aún las reacciones que tienen (bueno, que tenemos todos). Cuando se dice eso de "nunca se sabe cómo voy a reaccionar..." qué cierto es.
Siempre que hay una muerte existe un proceso de duelo. Y no sólo en la muerte física, real y definitiva de una persona. Puede ser una relación de pareja, una amistad, un negocio... En todos los casos se produce una pérdida y, si no estás preparado para dicha pérdida, para esa separación (bueno, y aunque lo estés), se produce un duelo en la persona.
Uno de los pasos del duelo es la negación. Negamos que eso pueda pasar, a mí no, por qué a mí, imposible es un error,... Hay infinidad de comentarios y reacciones, tantos como personas. Luego vienen el desconcierto, la furia y la rabia. Atacamos nuestro entorno y a quien nos rodea, intentamos dañar y romper, rasgar y destruir, hacer físico nuestro dolor. Después nos encontramos con la depresión y la apatía, nos sentimos deprimidos y vamos aceptando poco a poco la nueva situación. Y por último está la aceptación, la que nos hace libres nuevamente.
Pongamos que este proceso se deba a una separación. Conozco un caso que está resultando muy curioso. El sujeto que sufre la pérdida comenzó por un cierto desconcierto para pasar a la furia y la rabia. ¿Se saltó el paso 1, la negación? Pues no, pasó del 2 al 1, a la negación, al aquí no ha pasado nada y todo sigue igual. Al, "hoy no me has hecho ni caso..." Al "¿dónde comemos mañana...?"
A ver cómo se le explica a alguien que reacciona así, ¿qué parte de no quiero seguir contigo como pareja es la que no has entendido...?
Sí, la vida es curiosa, y curiosas son las personas que nos rodean. En cierta medida hacen lo que les pedimos así que, ¿no será que el que provocó la separación se está echando atrás, está reculando? Quizá sea eso. Quizá el empeño en mirar siempre en la misma dirección y ver siempre la puerta cerrada, impide que veamos esa maravillosa ventana abierta de par en par a nuestra espalda. ¿Cómo cambiar la vista hacia otro lado?
Hoy he perdido algo, a alguien. Y estoy en proceso de negación. Mañana estaré realmente cabreada pero, ¿qué puedo hacer? Pues nada, dejar que cada uno elija su camino, que cada cuál tome sus decisiones. Es posible que no fuera nuestro momento. Es posible que ahora no deba hacer amigos. Puede que ese momento no llegue nunca o que todo cambie en unos meses. No sé. En el fondo de mi mente suena un piano lejano, unas notas dulces y lejanas, sí, se alejan... Hasta pronto.
Ayer leí una frase en una novela que me hizo pensar bastante: "No debería uno nunca imaginar más allá de la realidad de la propia realidad, ni crear lo que no existe, ni soñar con lo que se imagina, ni despertar lo que se mantiene en el tranquilo olvido..." (Esther Bendahan)
Gran consejo para mí, grandísimo consejo si supiera cómo cumplirlo. Mi mente vuela libre, sin ataduras, sin control; libre y desbocada en ocasiones. Mi mente me maltrata a veces y no sé sujetarla, no sé retenerla. Cabecita loca, me llamaba... qué razón tenía...
Sigo aquí, sigo viva, sigo viviendo. No sé si bien o mal mas, ¿puede alguien decir si la vida de otro es buena o mala? Es mía, yo la vivo como quiero. Ya no me lamento, ya no. Sigo adelante, mejor o peor, en el barro o en el camino, entre la maleza o los trigos, sigo adelante. No me paro. No sé si bien o mal, no sé si debería buscar un lugar con mejor visión para decidir por dónde ir. Sólo sigo adelante, un poco cansada, un poco perdida, un poco sola a veces. Pero sigo adelante. Si me caigo me levanto y sigo adelante.
Si quieres encontrarme, búscame en el camino, ahí estaré. ¿Quieres acompañarme? Adelante, te espero a mi lado, charlaremos. ¿Quieres que te acompañe? Sólo tienes que decírmelo, iré contigo un trecho. ¿Quieres que descansemos un rato? Cerca de algún río, ese sería un buen lugar, ahí nos vemos.
Gracias Señor por una vida plena. Gracias por permitirme vivirla así de plena, con todo, con sus buenos y malos ratos, con su buena y mala gente, con su sol y con su lluvia, con su polución y sus cielos claros. Gracias por no dejarme decaer. Gracias por acompañarme y guiarme. Perdona mi torpeza, soy como un pequeño aprendiendo a andar, tropezando y cayendo, cometiendo errores mil, aprendiendo lentamente. Gracias por el dolor que tanto enseña. Sólo pedirte una cosa Señor, ayúdame a aprender más rápido y con menos esfuerzo. A veces cuesta sufrir tanto dolor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario