No se me ocurre mejor título para esta entrada. ¿Has visto alguna vez tu lado oscuro? ¿Te has visto a ti mismo como un "ser" completamente extraño y diferente? Yo sí. Y aún no lo he podido asimilar.
He visto a la bestia que habita mi interior, he descubierto un lado tan oscuro que me da miedo, pánico. Y a la vez he comprendido una cosa: todo lo que odio en los demás está en mí. Aquéllo que aborrezco de la humanidad, es mi sombra.
Han pasado un par de días y ya no me parece tan oscura esa sombra. Hoy he hablado y he recibido unas palabras de aliento. Hoy he encontrado un hombro en el que llorar. Y como siempre pasa en estos casos, cuando hablas de un problema enorme éste parece encoger.
Cierto, todos tenemos una sombra y tenemos la mala costumbre de proyectarla en los demás y culpar a otros de aquéllo que mora en nuestro interior. O más bien, gracias a esa proyección somos (deberíamos ser) capaces de ver (mejor dicho de VER) y así solucionar nuestros problemas. Pero... ¿vemos? En mi caso no, desde luego.
Dios es un personaje curioso y de lo más obediente. Siempre nos agrada y nos da lo que le pedimos. Sí, aunque no me creas así es. Me explico con un ejemplo: Señor, ayúdame a crecer, a mejorar, a ser mejor persona. Enséñame qué debo cambiar para que mi vida y la de los míos mejore. Y me hizo caso. Durante meses me ha estado poniendo ejemplos delante de mis narices, uno tras otro, sobre los aspectos de mi personalidad que debería cambiar o mejorar. Pero, ¿acaso he visto algo? Por supuesto que no.
Y durante meses, cada vez que veía esos ejemplos en otras personas (¡menos mal Señor que yo no soy así!), volvía a pedir que me ayudara a ser mejor persona. Bien, pues ante tantísima ceguera, mi Dios, que siempre me da lo que le pido, ha hecho que me viera a mí misma en una de las peores escenas que recuerdo de mi vida (por no decir la peor, al menos en cuanto a comportamiento).
Conclusión: en ciertas circunstancias puedo ser violenta, muy violenta, salvaje diría yo, primaria, borracha, intolerante, sobrada, soez, borde, dañina, egoista, prepotente, despegada, mala madre, mala persona.... Y todo ello a la vez.
La siguiente lección que debo aprender es la de la humildad. Ahora debo pedir perdón por mis acciones y debo agradecer a quien lo merece su reacción.
Y después debo trabajar ese lado oscuro. No sé muy bien cómo, pero sé que debo hacerlo cuanto antes para que la luz al final del túnel pueda verse brillar. En realidad, hoy no me parece tan oscuro ese túnel.
Gracias María por tu comprensión. Yo vengo de una generación en la que las emociones debían ocultarse, guardarse y eran vergonzantes. La tuya es la del "te quiero". Vosotros vivís éstas con mayor naturalidad, comprendéis mejor que "eso" nos puede pasar a cualquiera. Incluso habéis visto en amigos reacciones de lo más diverso. Y esa naturalidad ha conseguido que el Mont Blanc que tenía frene a mí se haya convertido en el Mirador del Cerro. Un par de charlas y será un simple escalón.
Y mientras, a aprender...
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