La dirección de email que elegí para mis blogs puede parecer curiosa: odindeablanke, Odín de Ablanque. Este es el lugar donde vivo ahora, donde tendrá lugar el nacimiento a mi nueva vida. ¿Y Odín? Es una de las runas vikingas, de hecho, es LA RUNA con mayúsculas. Es una piedra en blanco, sin ningún símbolo.
Su significado dentro de los oráculos de las runas es el siguiente: Desconocido es el final, desconocido el principio. Esta es la runa de la confianza total. Esta runa puede simbolizar una muerte. Es decir, la muerte de algo en nosotros o en nuestra vida que debe terminar. Renunciar al control es el reto más importante ahora. Lo desconocido te informa que está en acción en tu vida. En la runa en blanco hay un enorme potencial. Llena y vacía al mismo tiempo, esta runa abarca a la totalidad del ser, todo lo que deberá actualizarse. Recibir esta runa puede traer a la superficie nuestros miedos más ocultos. Y sin embargo todas las posibilidades reales están simbolizadas por esta runa.
Lo que requiere Odin es la voluntad y el dejar hacer. Esta runa normalmente llama a un acto de
valor, a un salto al vacío. Recibirla es una prueba directa de fe. Nada está predestinado: lo que prevalece es el poder creativo de lo desconocido. Cuando recibas esta runa, alégrate. Sabe que el cambio está progresando en tu vida.
Vale, ahora que alguien me explique cómo se hace eso, cómo se espera sin más, cómo se sala al vacío. Sobre todo cuando se es mujer, cuando te acercas al climaterio a pasos agigantados, cuando tus hormonas hacen que cambies de estado emocional constantemente y con una brusquedad insoportable.
Pues con silencio y meditación. Me encanta escribir aquí porque yo misma encuentro las respuestas que busco, las que necesito, las que me hacen falta justo aquí y ahora. Sí, silencio. Silencio en la mente, dentro de esta cabecita loca. Y si las hormonas me maltratan, una ducha caliente, un paseo, una música tranquila... Algo que no agote mi energía. La necesito, el final del parto está cerca y necesito todas mis fuerzas. Sólo me falta poder relajarme... Se me ocurre una manera magnífica pero no tengo con quién, ahora ya no. Al menos de momento (te echo de menos, pero sé que es mejor así).
Aquí puedo decir lo que siento, lo que quiero, lo que desearía, lo que sueño... y lo mejor de todo, aunque sé que gente que me conoce lo lee estoy segura de que, en realidad, no saben realmente qué están leyendo. ¿Sabéis lo que es imaginado o real, cuáles son sueños o invenciones? ¿Cuáles son simplemente conversaciones con mi otro Yo y cuáles han sido reales? Si yo digo, en algún lugar, "dulces sueños" sé que alguien se puede sentir identificado, puede creer que me dirijo a... Pero realmente es una expresión que me gusta mucho. Una vez me la dijeron y se me quedó grabada como algo muy tierno para desear buenas noches. "¡Qué las amarguras del día se disipen y dejen lugar a un sueño dulce y reparador!"
Creo que estoy divagando. Estoy cansada y tengo sueño. Ha sido un día tenso, sin motivo aparente, sin discusión alguna. Esas malditas hormonas que me van a matar como sigan así. Ahora estoy tranquila, voy a dormir y mañana amanecerá otro día. Como decía Scarlett O'Hara en Lo que le viento se llevó: "ya lo pensaré mañana.".
Así pues, a mis seguidores, les pido disculpas por esta serie de incongruencias. Pero la finalidad de este blog no es agradaros sino servirme de terapia, de pantalla en la que ver mi vida, mis ideas, mis frustraciones o mis ilusiones. Realmente escribo para mí, no para vosotros. Sólo os estoy permitiendo echar un vistazo a mi interior.
Cada día me trae nuevas experiencias, cada día mis entradas son diferentes. Pero aquí tengo mi espejo, donde poder ver cada michelín, cada arruga, cada cana, cada imperfección de mí cuerpo, de mi ser. Y a la vez ver el brillo de esa pizca verde de mis ojos, que me miran burlones desde el otro lado, ver mi sonrisa, mis brazos y manos moviéndose con gracia mientras me abrazo y me acaricio. Este espejo me ofrece la oportunidad de conocerme mejor.
Me gustas, Lola, con todos tus defectos y todas tus imperfecciones, porque ellas te hacen ser la gran persona que estás descubriendo. No desfallezcas, no te rindas, no me/te falles.
"Haces que se vaya mi melancolía. Me devuelves de nuevo a la vida. Resurrección" (Amaral, Resurrección)
miércoles, 23 de noviembre de 2011
martes, 22 de noviembre de 2011
ESPERANDO
¿Qué es una nueva vida? ¿Cuándo sabes que dejaste la vieja y empezaste la nueva? ¿Cómo saber si ya has nacido o sigues en medio del parto?
Creí que mi vida había comenzado, mi verdadera vida, aquélla para la que me había estado preparando durante tantos años, aprendiendo, desaprendiendo para quedar vacía y volviendo a aprender. Pero estaba equivocada. Aún no ha llegado, aún no está aquí, aún no he Resucitado.
Toda mi existencia actual, la que a este plano y momento se refieren, está marcada por las diferentes muertes y re-nacimientos que he sufrido. He muerto tantas veces que me parece mentira no reconocer ya las señales. Quizá este blog esté para eso, para hacerme repasar mi pasado y así prepararme para lo siguiente.
Y siguiendo el símil del parto, ahora mismo debo de estar con la cabeza fuera. ¡Y lo que ha costado sacarla! Ha costado trabajo, esfuerzo, empujar mucho, sudar hasta decir basta, agotarme física y mentalmente, hasta la extenuación. Pero ya está fuera la cabeza. Y ya puedo oler el mundo que me rodea. Me llegan infinidad de olores y yo los a trapo con deleite.
A partir de ahora debería ser rápido y menos doloroso pero, ¿y si se paran las contracciones? ¿Y si no tengo fuerzas para seguir? ¿Y si se me pasan esas ganas de empujar que tenía al principio...? ¿Y si estoy sola y no tengo ni médicos ni enfermeras que me ayuden a seguir, a salir?
Demasiados "y si...", y los que no he puesto y me rondan también la mente. Así que haré lo único que puedo hacer ahora mismo. Dejar de empujar, respirar, descansar, seguir respirando, perder el miedo, tener paciencia y no querer acelerar el proceso, ya que éste es natural y cuando llegue el momento, llegará. No antes. Cuando tenga que ser, será.
Y aquí estoy, esperando que llegue el momento propicio para empujar. Esperando... sin hacer nada... sufriendo porque quiero empujar y terminar de una vez... teniendo paciencia... recuperando fuerzas... esperando... respirando... esperando...
Creí que mi vida había comenzado, mi verdadera vida, aquélla para la que me había estado preparando durante tantos años, aprendiendo, desaprendiendo para quedar vacía y volviendo a aprender. Pero estaba equivocada. Aún no ha llegado, aún no está aquí, aún no he Resucitado.
Toda mi existencia actual, la que a este plano y momento se refieren, está marcada por las diferentes muertes y re-nacimientos que he sufrido. He muerto tantas veces que me parece mentira no reconocer ya las señales. Quizá este blog esté para eso, para hacerme repasar mi pasado y así prepararme para lo siguiente.
Y siguiendo el símil del parto, ahora mismo debo de estar con la cabeza fuera. ¡Y lo que ha costado sacarla! Ha costado trabajo, esfuerzo, empujar mucho, sudar hasta decir basta, agotarme física y mentalmente, hasta la extenuación. Pero ya está fuera la cabeza. Y ya puedo oler el mundo que me rodea. Me llegan infinidad de olores y yo los a trapo con deleite.
A partir de ahora debería ser rápido y menos doloroso pero, ¿y si se paran las contracciones? ¿Y si no tengo fuerzas para seguir? ¿Y si se me pasan esas ganas de empujar que tenía al principio...? ¿Y si estoy sola y no tengo ni médicos ni enfermeras que me ayuden a seguir, a salir?
Demasiados "y si...", y los que no he puesto y me rondan también la mente. Así que haré lo único que puedo hacer ahora mismo. Dejar de empujar, respirar, descansar, seguir respirando, perder el miedo, tener paciencia y no querer acelerar el proceso, ya que éste es natural y cuando llegue el momento, llegará. No antes. Cuando tenga que ser, será.
Y aquí estoy, esperando que llegue el momento propicio para empujar. Esperando... sin hacer nada... sufriendo porque quiero empujar y terminar de una vez... teniendo paciencia... recuperando fuerzas... esperando... respirando... esperando...
martes, 15 de noviembre de 2011
Caminos
¿Hacia dónde van?
¿Cuántos caminos recorremos en la vida?
¿Cuántos nos quedan por recorrer?
¿Cuántos cruces nos encontramos y tenemos que decidir hacia donde ir?
Me gusta hacer fotos de caminos. Últimamente me ha dado por ahí. Me planteo mi vida y qué quiero hacer con ella como un camino más que queda por recorrer, que empiezo a recorrer HOY. Porque hoy, ahora, en este momento, mientras escribo, inicio mi andadura. Siempre hacia delante. Puede que mire por encima del hombro, o me pare para ver el camino recorrido, pero siempre sigo andando, siempre viviendo una hora más, un día más, una enseñanza más.
Una andadura que no termina... Y que espero dure muchos años, que no acabe. Cada día rezo para que no decaiga mi energía, para que mi salud me permita seguir, para que la alegría de seguir mi recorrido en la vida no me abandone. Cada día rezo para que mis acompañantes sigan por ahí, cerquita, a la distancia de una voz. Cada uno con su camino, cada uno con su vida, pero compartiendo en algunos momentos de nuestras vidas la misma dirección. O quizá podamos encontrarnos en algún cruce. ;-D
Algunos ya me dejaron. Unos me acompañaron un corto trayecto. Me enseñaron a andar y me dejaron. Otros fueron apareciendo en los momentos en que fue necesario para ayudarme a levantarme y seguir andando. Otros ahí están todavía, intentando enseñarme a llevar bien repartido el peso de la mochila y bien atadas las botas. Enseñándome a abrigarme más y mejor para que el viento no entre entre mis ropas y enfríe mi corazón. Gracias a tod@s. Los que estáis o estuvistéis. Gracias por todo.
Gracias sobre todo a ti, amig@ mí@. Aún no sabes cuánto me has ayudado y me ayudas. Con tus palabras y tus silencios. Quizás más con tus silencios. Perdona mi torpeza al interpretarte. Sólo hago eso, interpretar, en lugar de escuchar lo que realmente dices. Gracias de corazón por estar ahí ya que, a pesar de todo lo que pueda parecer, eres mi maestr@. Sólo debo dejar a un lado mi orgullo, abrir mi corazón y mi mente, y dejar fluir la energía que me envías. Gracias de corazón por acompañarme un rato, por hacerme reir, por animarme, por enseñarme. Gracias siempre porque "tú haces que se vaya mi melancolía... me devuelves de nuevo a la vida..." (Amaral, Resurrección). Siempre gracias. Públicamente GRACIAS. Recibe en tu vida todo el bien que haces, multiplicado por mil, por un millón. Amén.
FECUNDACIÓN
Las cosas no iban bien. La falta de recursos económicos, digan lo que digan los expertos en estos temas, lleva a la creación (vale, los creamos nosotros) de miles de otros problemas derivados. Un día vio el anuncio y se lo comentó a ella. Podía ser la oportunidad que estaban esperando. El creía que sería la respuesta y la solución definitiva: ¿por qué no romper con todo y empezar de nuevo lejos? No tan lejos como para perder el contacto con la familia y amigos, pero sí lo suficiente como para no ver a ninguno de aquéllos (entonces así lo creía) indeseables que les rodeaban. Sería una manera de no ver las caras de acreedores, enemigos, personas con las que hubo problemas, otras a las que se falló... Una manera de "escapar" de esa nube opresiva y asfixiante que parecía rodearlo todo.
Ella dudó. Como buena mujer que era lo primero que hizo fue pensar de manera práctica y, ante las fotografías publicadas en internet sobre el entorno, pensó que harían falta botas de nieve para los niños y cadenas para el coche. Impensable irse allí sin las cadenas. A pesar de que estaban en el mes de abril casi alcanzando ya el soleado mayo lo primero que pensó fue en las botas y las cadenas. De hecho, ni siquiera se planteó qué pasaría con el negocio, si era bueno o no. No se preocupó de qué sería de los niños allí (aparte de que necesitarían botas, claro). Tampoco pensó en la mudanza, ni en qué iban a hacer o a esperar en ese nuevo futuro... Sólo el frío le preocupó. Claro que también pudo ser una manera de no enfrentar la realidad, la que se le venía encima; y al centrar toda su preocupación en algo tan concreto, tan material, tan simple y lejano en el tiempo, evitaba la responsabilidad de evalúar las consecuencias. Lo cierto es que estaba dando un sí rotundo: daba por sentado que se iban y que necesitarían esas cosas en su nueva vida.
Pero aquéllo provocó una discusión. El no lo entendió así. Tampoco era raro. En los últimos años no hacía falta un motivo para discutir. Lo cierto es que prácticamente era la única manera que tenían de comunicarse. Y si no discutían pues hablaban del tiempo, de si les había gustado la peli de la noche o de qué habían comido los niños hoy.
Pero lo cierto es que la semilla ya se había plantado, y empezaba a germinar. Como cuando eres niño y te dan el vasito de plástico ese con el algodón húmedo y una judía. Te pasas varios días mirándolo cada dos por tres sin ver ningún cambio. Bueno, que la piel de la judía se arruga un poco. Pero no sucede nada. Aparentemente.
Así pasaba ahora. Nada había cambiado. Todo seguía igual. Pero sus mentes, aunque por separado, iban haciendo su cábalas, organizando el trabajo o la mudanza, trazando planes para encarar esa nueva vida, soñando cómo sería...
Sí, la semilla estaba plantada.
Ella dudó. Como buena mujer que era lo primero que hizo fue pensar de manera práctica y, ante las fotografías publicadas en internet sobre el entorno, pensó que harían falta botas de nieve para los niños y cadenas para el coche. Impensable irse allí sin las cadenas. A pesar de que estaban en el mes de abril casi alcanzando ya el soleado mayo lo primero que pensó fue en las botas y las cadenas. De hecho, ni siquiera se planteó qué pasaría con el negocio, si era bueno o no. No se preocupó de qué sería de los niños allí (aparte de que necesitarían botas, claro). Tampoco pensó en la mudanza, ni en qué iban a hacer o a esperar en ese nuevo futuro... Sólo el frío le preocupó. Claro que también pudo ser una manera de no enfrentar la realidad, la que se le venía encima; y al centrar toda su preocupación en algo tan concreto, tan material, tan simple y lejano en el tiempo, evitaba la responsabilidad de evalúar las consecuencias. Lo cierto es que estaba dando un sí rotundo: daba por sentado que se iban y que necesitarían esas cosas en su nueva vida.
Pero aquéllo provocó una discusión. El no lo entendió así. Tampoco era raro. En los últimos años no hacía falta un motivo para discutir. Lo cierto es que prácticamente era la única manera que tenían de comunicarse. Y si no discutían pues hablaban del tiempo, de si les había gustado la peli de la noche o de qué habían comido los niños hoy.
Pero lo cierto es que la semilla ya se había plantado, y empezaba a germinar. Como cuando eres niño y te dan el vasito de plástico ese con el algodón húmedo y una judía. Te pasas varios días mirándolo cada dos por tres sin ver ningún cambio. Bueno, que la piel de la judía se arruga un poco. Pero no sucede nada. Aparentemente.
Así pasaba ahora. Nada había cambiado. Todo seguía igual. Pero sus mentes, aunque por separado, iban haciendo su cábalas, organizando el trabajo o la mudanza, trazando planes para encarar esa nueva vida, soñando cómo sería...
Sí, la semilla estaba plantada.
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