Hoy he hecho un gran descubrimiento: soy una mentirosa.
Durante toda mi vida he sido una falsa. He creado a mi alrededor una fachada que ha sido construída y cincelada concienzudamente para mostrar la imagen que "creía" debía tener. Para agradar a mi padre, para complacer a mis amigos, para procurarme lo que necesitara en cada situación, etc... Un larguísimo etcétera que sería demasiado extenso pormenorizar aquí. Y para ello he utilizado y manejado (o intentado) a todo aquél que se encontrara en mi círculo de influencia.
Me escudo constantemente en lo que los demás hacen o dicen. Hecho las culpas a... bueno, según convenga, a unos y otros, para justificar mis propias carencias. No eres tú el que bebe, soy yo la que bebe. No eres tú el que salta, soy yo la que te provoca. No eres tú el que desobedece, soy yo la que te grita para desatar mi rabia. No sois vosotros, soy yo la que no sabe amar.
Sigo muriendo.
Y así debe ser, debo morir si quiero renacer. Yo pedí una nueva vida. Ahora se me exige morir en la anterior para poder seguir adelante. ¿Seré capaz? ¿Podré romper este muro de piedra que he construído a mi alrededor? ¿Tendré el valor de aceptarme como soy, con todas mis aparentes carencias? ¿Seré algún día humilde y pediré perdón cuando dañe a mis seres queridos?
No sé cuándo dejaré de intentar manejarlo todo y a todos. Todo aquéllo que hay a mi alrededor, cada situación. Intentar. Esa es la palabra clave. ¿Cuándo dejare de "intentarlo" y me dedicaré a vivir?
Pues cuando te dejes de hacer preguntas tontas y empieces a tomar las riendas. Si algo no te gusta cámbialo (dicho por una vocecilla dentro de mi cabeza, conciencia, o mosca cojonera, según se mire).
Hay una oración que ójala todos pudiéramos hacer realidad en nuestras vidas: Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que sí puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia. Serenidad, Valor, Sabiduría. Tres virtudes que desearía tener.
Vivir el presente. Eso también me gustaría poder hacerlo. Y para ello voy a empezar por ahora mismo. En mi aquí y ahora, estoy cansada y tengo sueño. Necesito irme a dormir pues mañana será un día bastante duro. Así que voy a hacer caso a mi cuerpo y las señales que me lanza. Buenas noches Nueva Vida, nos vemos ahí delante.
Hoy acaba el 2011 y empieza el 2012, el año del fin del mundo, ¿no? Eso decían. Bueno, ya veremos qué nos depara el futuro. Como dice Coelho: "Todos los caminos llevan al mismo sitio. Pero no intentes recorrerlos todos. Elige uno y síguelo". Cada uno de nosotros sólo puede recorrer el suyo. Suerte en la elección del vuestro y Feliz Año Nuevo. El viejo ya muere. Dejémosle partir en paz.
"Haces que se vaya mi melancolía. Me devuelves de nuevo a la vida. Resurrección" (Amaral, Resurrección)
sábado, 31 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
Dar... Recibir... Paciencia... Las claves de la FELICIDAD
Hoy me he sentido libre. Por primera vez en mucho tiempo mi mente ha sido totalmente libre. Libre de obligaciones y responsabilidades, libre de malos rollos y preocupaciones, libre de ti, que te pasas el día dando vueltas por mi cabeza. Libre de él, que también da vueltas y vueltas y más vueltas por mis pensamientos. Libre todo y todos.
¿En eso consiste meditar? Lo cierto es que tan solo estaba contemplando el fuego, viendo cómo las llamas lamían suavemente los troncos, cómo subían y bajaban, bailaban y se abrazaban para luego separarse nuevamente. Viendo cómo iban consumiendo la madera, cómo ésta pasaba del marrón al negro y de ahí a un rojo anaranjado, para terminar cayendo o flotando con color gris, convertida en ceniza...
Y ahí estaba la energía que un día estuvo en una semilla, una diminuta semilla, que germinó. De ella nació una pequeña planta que poco a poco creció hasta salir a la superficie y ver la luz del sol. Gracias a ésta fue creciendo y, gracias al azar o la suerte o por ser su destino, superó todas las pruebas que hubo a su alrededor. Superó a los animales que pisaron o se comieron a sus congéneres, superó los fríos inviernos y los tórridos veranos sin agua. Sobrevivió a la sequía y se libró de todos los peligros que le acechaban. Siguió creciendo y creciendo hasta que un día.... llegó el hombre, cortó su tronco y la convirtió en madera.
Y esa pequeña semilla, con esa energía acumulada, ha seguido dándolo todo, proporcionando calor y luz a mi hogar. ¿Has pensado alguna vez la generosidad que existe en ello? Nació y no se quedó con la energía que había en su interior. La dejó fluir, cogió la que necesitaba de la tierra y el sol, para hoy dejarla fluir en mi hogar. ¿Por qué no podemos ser así los seres humanos? ¿Por qué nos empeñamos en acumular, guardar, cerrar, poseer... para qué?
Tengo que aprender a dar, a dar con generosidad, con alegría, de corazón. A dar sin esperar recibir. Pero tan importante como el dar, es aprender a recibir. Recibir con la misma alegría, también de corazón, con gratitud hacia quien da. ¿Lo conseguiré algún día?
Un buen propósito: cada día intentaré dar algo a cada una de las personas con las que me cruce. No importa si es un buen deseo o una sonrisa, un abrazo o un comentario acertado, un beso o comida. Lo importante será hacerlo así: con alegría y de corazón, con amor, deseando el bien de la otra persona a la hora de hacerlo.
Dar y recibir mantiene el flujo de la energía en el universo. Señor, enséñame a dar, ayúdame a hacerlo con TODAS las personas con las que me cruce, no sólo con aquéllas a quiénes quiera o me caigan bien. Con TODAS.
Es un buen propósito para una Nueva Vida.
Hay otra cosa que debo cambiar. Por mi propio bien. He de aprender a decir las cosas de otra manera. Pedir, no exigir. Hablar, no atacar. Supongo que ser una superviviente me predispone al ataque y, qué mejor defensa, ¿no? Aprender a escuchar, empezando por mis hijos, las personas de este mundo que antes acaban con mi paciencia. Tener paciencia, sí, aprender a esperar.
Todo lo bueno en esta vida se hace esperar. Y el secreto de la felicidad es ese... saber esperar. Porque, sino esperas nada, ¿de qué te vas a preocupar? Si tienes todo lo que necesitas en ese momento (casa, comida, abrigo, afecto, a ti mismo...) ¿qué puede causarte infelicidad? Conformidad y paciencia. Lo que tenga que venir llegará en su debido momento. Me lo repito hasta la saciedad, sólo me queda creérmelo de verdad y aplicarlo. ¡Qué facil es dar consejos a otros y qué difícil aplicárselos uno mismo!, ¿verdad? (Seguro que más de uno y de dos me entiende)
Llega la Navidad. Ya está aquí. Ahora se reúnen las familias. Sed felices, no esperéis nada, recibid lo que se os ofrece y agradecedlo. Y dad, una sonrisa, una caricia, un beso, un abrazo, un "callarse" a tiempo, un "no ofender". No caigáis en la tentación de... "aprovechando que estamos todos... me vais a oir, hombre...". Alguien saldrá herido y no será bueno. Déjalo correr y, cuando seas capaz de hablar sin ofender o herir, hazlo. No antes. Esto es lo que creo que en psicología llaman ser "asertivo", palabra que últimamente leo mucho. ;-D
Felices Fiestas a todos los que me seguís. ¡¡¡FELICES!!!
¿En eso consiste meditar? Lo cierto es que tan solo estaba contemplando el fuego, viendo cómo las llamas lamían suavemente los troncos, cómo subían y bajaban, bailaban y se abrazaban para luego separarse nuevamente. Viendo cómo iban consumiendo la madera, cómo ésta pasaba del marrón al negro y de ahí a un rojo anaranjado, para terminar cayendo o flotando con color gris, convertida en ceniza...
Y ahí estaba la energía que un día estuvo en una semilla, una diminuta semilla, que germinó. De ella nació una pequeña planta que poco a poco creció hasta salir a la superficie y ver la luz del sol. Gracias a ésta fue creciendo y, gracias al azar o la suerte o por ser su destino, superó todas las pruebas que hubo a su alrededor. Superó a los animales que pisaron o se comieron a sus congéneres, superó los fríos inviernos y los tórridos veranos sin agua. Sobrevivió a la sequía y se libró de todos los peligros que le acechaban. Siguió creciendo y creciendo hasta que un día.... llegó el hombre, cortó su tronco y la convirtió en madera.
Y esa pequeña semilla, con esa energía acumulada, ha seguido dándolo todo, proporcionando calor y luz a mi hogar. ¿Has pensado alguna vez la generosidad que existe en ello? Nació y no se quedó con la energía que había en su interior. La dejó fluir, cogió la que necesitaba de la tierra y el sol, para hoy dejarla fluir en mi hogar. ¿Por qué no podemos ser así los seres humanos? ¿Por qué nos empeñamos en acumular, guardar, cerrar, poseer... para qué?
Tengo que aprender a dar, a dar con generosidad, con alegría, de corazón. A dar sin esperar recibir. Pero tan importante como el dar, es aprender a recibir. Recibir con la misma alegría, también de corazón, con gratitud hacia quien da. ¿Lo conseguiré algún día?
Un buen propósito: cada día intentaré dar algo a cada una de las personas con las que me cruce. No importa si es un buen deseo o una sonrisa, un abrazo o un comentario acertado, un beso o comida. Lo importante será hacerlo así: con alegría y de corazón, con amor, deseando el bien de la otra persona a la hora de hacerlo.
Dar y recibir mantiene el flujo de la energía en el universo. Señor, enséñame a dar, ayúdame a hacerlo con TODAS las personas con las que me cruce, no sólo con aquéllas a quiénes quiera o me caigan bien. Con TODAS.
Es un buen propósito para una Nueva Vida.
Hay otra cosa que debo cambiar. Por mi propio bien. He de aprender a decir las cosas de otra manera. Pedir, no exigir. Hablar, no atacar. Supongo que ser una superviviente me predispone al ataque y, qué mejor defensa, ¿no? Aprender a escuchar, empezando por mis hijos, las personas de este mundo que antes acaban con mi paciencia. Tener paciencia, sí, aprender a esperar.
Todo lo bueno en esta vida se hace esperar. Y el secreto de la felicidad es ese... saber esperar. Porque, sino esperas nada, ¿de qué te vas a preocupar? Si tienes todo lo que necesitas en ese momento (casa, comida, abrigo, afecto, a ti mismo...) ¿qué puede causarte infelicidad? Conformidad y paciencia. Lo que tenga que venir llegará en su debido momento. Me lo repito hasta la saciedad, sólo me queda creérmelo de verdad y aplicarlo. ¡Qué facil es dar consejos a otros y qué difícil aplicárselos uno mismo!, ¿verdad? (Seguro que más de uno y de dos me entiende)
Llega la Navidad. Ya está aquí. Ahora se reúnen las familias. Sed felices, no esperéis nada, recibid lo que se os ofrece y agradecedlo. Y dad, una sonrisa, una caricia, un beso, un abrazo, un "callarse" a tiempo, un "no ofender". No caigáis en la tentación de... "aprovechando que estamos todos... me vais a oir, hombre...". Alguien saldrá herido y no será bueno. Déjalo correr y, cuando seas capaz de hablar sin ofender o herir, hazlo. No antes. Esto es lo que creo que en psicología llaman ser "asertivo", palabra que últimamente leo mucho. ;-D
Felices Fiestas a todos los que me seguís. ¡¡¡FELICES!!!
jueves, 15 de diciembre de 2011
Brazos largos... Amor...Paraíso...
¿Cómo puede un lugar tan pequeño tener unos brazos tan largos? Es increíble la cantidad de casualidades que se dan aquí.
Me explico: hoy he conocido a una señora que vivió en el bloque de al lado al mío en Madrid. Su madre, su hermano y su hija cumplen los años el mismo día que mi prima, que es el mismo día que un paisano del pueblo. Además, su pareja actual (que es de Ablanque) también se movía por la misma zona en que vivíamos. 18 de enero, muchos cumpleaños de conocidos para un mismo día...
No recuerdo ahora mismo la cantidad de coincidencias que se me han dado en los últimos meses pero son muchas. Me he encontrado con gente de Ablanque por todas partes, he conocido a gente que conoce a gente que es de Ablanque por toda España. Incluso familiares. Gente con la que "casi" he trabajado... No sé, me parece algo mágico en cierto sentido. Es como si el Universo me estuviera diciendo: "Sí, este es el sitio correcto, todo lo que has vivio está, en cierta medida, relacionado con este paraíso en el que ahora estás".
Cada vez que hablo con mis "antiguos" amigos me despido de ellos mandándoles besos o abrazos o recuerdos "desde el paraíso", porque así lo siento, así me parece a mí. Es mi paraíso. No sé el tiempo que me quedaré, no sé lo que me depara el futuro, no sé qué viene mañana, sólo sé que me gustaría pasar aquí el resto de mis días. O al menos que fuera mi plataforma de lanzamiento, el lugar desde el que renacer, el lugar al que volver, el lugar de donde sacar las fuerzas para seguir día a día. Me gusta tanto que a veces me asusta la simple posibilidad de perderlo.
Sólo aquéllos que de verdad lo conozcan, que DE VERDAD lo sientan, pueden comprender a qué me refiero, qué quiero decir. Es un sitio mágico y no porque yo me encuentre en un momento de mi vida en que necesite de algo así, no. Es realmente MÁGICO. Cada día veo estrellas fugaces, si tengo la paciencia de pasar... no sé... ¿diez minutos mirando el cielo? Lo cierto es que no se necesita más tiempo. Con eso basta. Esta tarde, sin ir más lejos, mi Vía Láctea, mi cielo estrellado hasta el infinito, mis estrellas fugaces (jo, qué frío hacía ahí, tumbada en la piedra), y esas nubes descaradas, riéndose de mí: "♫♫ nananananaaaa... ♫♫ Ya no verás más las estrellaaasss.. las vamos a esconder... ♫♫" Y eso han hecho... Me han escondido las estrellas y me he ido... Pero una hora más tarde ahí estaban... en todo su espledor nuevamente.
¿De verdad que hay alguien que no lo vea...? Supongo que después de 10 ó 15 años aquí también se me pasará, o me acostumbraré. No sé, espero que no sea así. Espero que cada día sea capaz de admirar la belleza y el milagro de la vida a mi alrededor. Espero no olvidarme de levantar la vista y mirar mis estrellas. De bajarla y ver el agua correr entre las piedras y mimbres del río. Espero que no dejen de maravillarme las nubes corriendo entre las montañas o por debajo de mí, formando un ... mar ?... no, un pequeño lago de nubes... justo bajo mis pies, o desde ellos hacia abajo... y los pinos y sabinas, verdes y brillantes a mi alrededor...
Señor, no dejes que "deje" de verlo. Permíteme ser testigo de esos pequeños milagros diarios. Permíteme disfrutar del amor que se respira a mi alrededor. Permíteme sentir en mi interior ese amor. Puede que sea una vía de escape (alguien así lo ha calificado) pero prefiero verlo como una vía de encuentro. No deseo escapar de nada tan solo deseo VIVIR con mayúsculas. Deseo sentir y, sobre todo, saber qué es lo que siento. Para ello tengo ayuda. Por fin tengo a alguien que me ayude a comprenderme mejor.
¿Alguno de vosotros se conoce realmente? ¿Soy la única que está tan perdida? Si también estáis perdidos, tranquilos, sólo debéis estar atentos a las señales y sabréis cuál es la ayuda que necesitáis. (Gracias Sole, la tengo gracias a ti).
¡Ah! Y no os olvidéis nunca de dar las gracias. Un refrán de esos tan españoles dice: es de bien nacidos ser agradecidos. Y estoy totalmente de acuerdo. Dar las gracias te libera, te fortalece y fortalece a quien te ayuda. Estrecha lazos, reafirma opiniones, acerca y fideliza a los amigos, genera una corriente de amor a tu alrededor, y atrae lo que generas.
Bueno, creo que es hora de dormir. Gracias a aquéllos que me leéis, gracias por seguirme y estar ahí. Es bueno saber que hay gente a tu alrededor que se interesa por ti. Es muy, pero que muy agradable, leer los comentarios que me hacéis llegar. Me gusta teneros ahí, más o menos activos, más o menos visibles, siempre atentos. Los que hacéis comentarios, los que me lo decís de palabra, los que estáis y calláis (sobre todo a vosotros, un abrazo, energético y de buen rollito).
Mis mejores deseos para todos/as. Aún estoy viva, aún tengo mucho que decir, aún podéis seguirme, leerme. Buenas noches y dulces sueños a todos/as. (un besote fuerte para todas mis chicas).
Me explico: hoy he conocido a una señora que vivió en el bloque de al lado al mío en Madrid. Su madre, su hermano y su hija cumplen los años el mismo día que mi prima, que es el mismo día que un paisano del pueblo. Además, su pareja actual (que es de Ablanque) también se movía por la misma zona en que vivíamos. 18 de enero, muchos cumpleaños de conocidos para un mismo día...
No recuerdo ahora mismo la cantidad de coincidencias que se me han dado en los últimos meses pero son muchas. Me he encontrado con gente de Ablanque por todas partes, he conocido a gente que conoce a gente que es de Ablanque por toda España. Incluso familiares. Gente con la que "casi" he trabajado... No sé, me parece algo mágico en cierto sentido. Es como si el Universo me estuviera diciendo: "Sí, este es el sitio correcto, todo lo que has vivio está, en cierta medida, relacionado con este paraíso en el que ahora estás".
Cada vez que hablo con mis "antiguos" amigos me despido de ellos mandándoles besos o abrazos o recuerdos "desde el paraíso", porque así lo siento, así me parece a mí. Es mi paraíso. No sé el tiempo que me quedaré, no sé lo que me depara el futuro, no sé qué viene mañana, sólo sé que me gustaría pasar aquí el resto de mis días. O al menos que fuera mi plataforma de lanzamiento, el lugar desde el que renacer, el lugar al que volver, el lugar de donde sacar las fuerzas para seguir día a día. Me gusta tanto que a veces me asusta la simple posibilidad de perderlo.
Sólo aquéllos que de verdad lo conozcan, que DE VERDAD lo sientan, pueden comprender a qué me refiero, qué quiero decir. Es un sitio mágico y no porque yo me encuentre en un momento de mi vida en que necesite de algo así, no. Es realmente MÁGICO. Cada día veo estrellas fugaces, si tengo la paciencia de pasar... no sé... ¿diez minutos mirando el cielo? Lo cierto es que no se necesita más tiempo. Con eso basta. Esta tarde, sin ir más lejos, mi Vía Láctea, mi cielo estrellado hasta el infinito, mis estrellas fugaces (jo, qué frío hacía ahí, tumbada en la piedra), y esas nubes descaradas, riéndose de mí: "♫♫ nananananaaaa... ♫♫ Ya no verás más las estrellaaasss.. las vamos a esconder... ♫♫" Y eso han hecho... Me han escondido las estrellas y me he ido... Pero una hora más tarde ahí estaban... en todo su espledor nuevamente.
¿De verdad que hay alguien que no lo vea...? Supongo que después de 10 ó 15 años aquí también se me pasará, o me acostumbraré. No sé, espero que no sea así. Espero que cada día sea capaz de admirar la belleza y el milagro de la vida a mi alrededor. Espero no olvidarme de levantar la vista y mirar mis estrellas. De bajarla y ver el agua correr entre las piedras y mimbres del río. Espero que no dejen de maravillarme las nubes corriendo entre las montañas o por debajo de mí, formando un ... mar ?... no, un pequeño lago de nubes... justo bajo mis pies, o desde ellos hacia abajo... y los pinos y sabinas, verdes y brillantes a mi alrededor...
Señor, no dejes que "deje" de verlo. Permíteme ser testigo de esos pequeños milagros diarios. Permíteme disfrutar del amor que se respira a mi alrededor. Permíteme sentir en mi interior ese amor. Puede que sea una vía de escape (alguien así lo ha calificado) pero prefiero verlo como una vía de encuentro. No deseo escapar de nada tan solo deseo VIVIR con mayúsculas. Deseo sentir y, sobre todo, saber qué es lo que siento. Para ello tengo ayuda. Por fin tengo a alguien que me ayude a comprenderme mejor.
¿Alguno de vosotros se conoce realmente? ¿Soy la única que está tan perdida? Si también estáis perdidos, tranquilos, sólo debéis estar atentos a las señales y sabréis cuál es la ayuda que necesitáis. (Gracias Sole, la tengo gracias a ti).
¡Ah! Y no os olvidéis nunca de dar las gracias. Un refrán de esos tan españoles dice: es de bien nacidos ser agradecidos. Y estoy totalmente de acuerdo. Dar las gracias te libera, te fortalece y fortalece a quien te ayuda. Estrecha lazos, reafirma opiniones, acerca y fideliza a los amigos, genera una corriente de amor a tu alrededor, y atrae lo que generas.
Bueno, creo que es hora de dormir. Gracias a aquéllos que me leéis, gracias por seguirme y estar ahí. Es bueno saber que hay gente a tu alrededor que se interesa por ti. Es muy, pero que muy agradable, leer los comentarios que me hacéis llegar. Me gusta teneros ahí, más o menos activos, más o menos visibles, siempre atentos. Los que hacéis comentarios, los que me lo decís de palabra, los que estáis y calláis (sobre todo a vosotros, un abrazo, energético y de buen rollito).
Mis mejores deseos para todos/as. Aún estoy viva, aún tengo mucho que decir, aún podéis seguirme, leerme. Buenas noches y dulces sueños a todos/as. (un besote fuerte para todas mis chicas).
martes, 6 de diciembre de 2011
Nuevas experiencias
Este fin de semana ha sido la matanza en el pueblo. Hasta ahora, criada y educada en la ciudad (y grande, que al fin y al cabo soy madrileña), no había vivido una experiencia parecida. Nunca he tenido "el pueblo" ni la casa de los abuelos ni ningún contacto con esta vida. Bueno, sí, pero era muy pequeña y apenas me quedan recuerdos.
Nunca había visto a un grupo de gente trabajando de manera desinteresada para cortar, preparar, cocinar, limpiar, cargar y acarrear, poner borriquetas y manteles, jarras con agua y servilletas, recoger todo otra vez, fregar y guardar, para mañana hacer lo mismo, y por la noche otra vez y al día siguiente repetir. Nunca había visto a un hombre mayor llorar emocionado con el homenaje brindado por sus vecinos y amigos (gracias por todo Juanito, gracias por tu calidad humana y por el amor que pones en aquéllo que haces).
Los lazos familiares, unas veces amistosos, otras con rencillas, otras limando las asperezas y otras con verdadero amor. Encuentros, besos y abrazos, tantas y tantas sonrisas, algunas provocadas en parte por la ingesta de alcohol pero otras sinceras y francas.
¡Ah! Y qué decir de las nubes de bolitas de pan volando de un lado a otro de las mesas, echando la culpa a los niños cuando los "adultos", en un emotivo flashback a la niñez, con un giño de complicidad y emoción contenida, eran los que más tiraban, sintiéndose traviesos e inocentes por un rato. Madres con fingido ceño fruncido regañando a unos y otros (vale, esa era yo).
¿Y qué decir del cerdo? Pues que este año ha sido "una chica... que tiene tetas y todas las que tienen tetas son chicas" (gracias Jorge por tu explicación).
Y por aquí han pasado casi todos los parroquianos hoy, con caras más o menos distorsionadas. Se nos ve a todos que va a costar digerir tanta grasa, carne y alcohol. "Una semana a base de verduras y pescado blanco" dice uno. "Esta semana ya la doy por perdida, a partir de la que viene a rebajar los kilos de más" dice otra. Se comentaban las jugadas de estos cuatro días: quién ha colaborado y quién no, quién se ha llevado a casa tanto o cuanto, quién ayudó más. "¿Cuánto pesó al final?" "El año que viene hacemos una fritura de pescado, que yo estoy de gorrino que no puedo más".
Eso es lo que he visto. Pero además he sentido. He sentido una inmensa gratitud por cómo se han portado todos y todas con mis hijos mientras trabajaba. Han sido cuidados, vigilados, han tenido ojos que les observen aquí y allá, se han preocupado por lo que comían, por el abrigo abrochado... Gracias Ablanque, gracias ablanqueños.
Pero también se han preocupado por mí. Y eso me ha emocionado. ¿Te ha gustado? ¿Qué te parece el ambiente? ¿Qué más necesitas? Toma, mandarinas, que sé que te han gustado. ¿Quieres más? No te preocupes por los niños, come tranquila. Y eso que ha empezado a gustarme tanto del pueblo: reuniones de mujeres. Todas juntas hablando de cosas sin importancia, naderías, pero compartiendo un mismo espíritu, una misma complicidad.
He de recordar en la próxima reunión tener una visión general de todos para poder observarles mejor, durante más tiempo. Y eso será pronto, en Noche Buena. Es una lástima que al día siguiente haya que trabajar. Pero estoy deseando ver esa hoguera.
Todos los días alguien me pregunta que qué tal nos va, que si estamos contentos, que si los niños también. Todos dicen que nos desean lo mejor, que no nos vayamos, que algo así era necesario en el pueblo. No sé si es por puro interés propio, pero me gusta pensar que no es así, que detrás hay, cuando menos, un aprecio especial.
Y todo ello sin abandonar la sana costumbre del paseo con mi perra, de disfrutar las estrellas o las nubes, la luna o los cielos despejados. Ni los bailes, las copas, las risas, las fotos (esta la subo al tuenti en cuanto llegue a casaaaa... jajajajajaja), las charlas con unos y otros (tranquil@ cielo, paciencia, todo llega, pide y llegará, tu nuevo "presente" ya está de camino).
Gracias nuevamente Ablanque, por todo lo que eres y contienes, por aquéllo que te rodea y te contiene a ti. Gracias hogar por acogerme. Gracias Señor por traerme aquí.
Nunca había visto a un grupo de gente trabajando de manera desinteresada para cortar, preparar, cocinar, limpiar, cargar y acarrear, poner borriquetas y manteles, jarras con agua y servilletas, recoger todo otra vez, fregar y guardar, para mañana hacer lo mismo, y por la noche otra vez y al día siguiente repetir. Nunca había visto a un hombre mayor llorar emocionado con el homenaje brindado por sus vecinos y amigos (gracias por todo Juanito, gracias por tu calidad humana y por el amor que pones en aquéllo que haces).
Los lazos familiares, unas veces amistosos, otras con rencillas, otras limando las asperezas y otras con verdadero amor. Encuentros, besos y abrazos, tantas y tantas sonrisas, algunas provocadas en parte por la ingesta de alcohol pero otras sinceras y francas.
¡Ah! Y qué decir de las nubes de bolitas de pan volando de un lado a otro de las mesas, echando la culpa a los niños cuando los "adultos", en un emotivo flashback a la niñez, con un giño de complicidad y emoción contenida, eran los que más tiraban, sintiéndose traviesos e inocentes por un rato. Madres con fingido ceño fruncido regañando a unos y otros (vale, esa era yo).
¿Y qué decir del cerdo? Pues que este año ha sido "una chica... que tiene tetas y todas las que tienen tetas son chicas" (gracias Jorge por tu explicación).
Y por aquí han pasado casi todos los parroquianos hoy, con caras más o menos distorsionadas. Se nos ve a todos que va a costar digerir tanta grasa, carne y alcohol. "Una semana a base de verduras y pescado blanco" dice uno. "Esta semana ya la doy por perdida, a partir de la que viene a rebajar los kilos de más" dice otra. Se comentaban las jugadas de estos cuatro días: quién ha colaborado y quién no, quién se ha llevado a casa tanto o cuanto, quién ayudó más. "¿Cuánto pesó al final?" "El año que viene hacemos una fritura de pescado, que yo estoy de gorrino que no puedo más".
Eso es lo que he visto. Pero además he sentido. He sentido una inmensa gratitud por cómo se han portado todos y todas con mis hijos mientras trabajaba. Han sido cuidados, vigilados, han tenido ojos que les observen aquí y allá, se han preocupado por lo que comían, por el abrigo abrochado... Gracias Ablanque, gracias ablanqueños.
Pero también se han preocupado por mí. Y eso me ha emocionado. ¿Te ha gustado? ¿Qué te parece el ambiente? ¿Qué más necesitas? Toma, mandarinas, que sé que te han gustado. ¿Quieres más? No te preocupes por los niños, come tranquila. Y eso que ha empezado a gustarme tanto del pueblo: reuniones de mujeres. Todas juntas hablando de cosas sin importancia, naderías, pero compartiendo un mismo espíritu, una misma complicidad.
He de recordar en la próxima reunión tener una visión general de todos para poder observarles mejor, durante más tiempo. Y eso será pronto, en Noche Buena. Es una lástima que al día siguiente haya que trabajar. Pero estoy deseando ver esa hoguera.
Todos los días alguien me pregunta que qué tal nos va, que si estamos contentos, que si los niños también. Todos dicen que nos desean lo mejor, que no nos vayamos, que algo así era necesario en el pueblo. No sé si es por puro interés propio, pero me gusta pensar que no es así, que detrás hay, cuando menos, un aprecio especial.
Y todo ello sin abandonar la sana costumbre del paseo con mi perra, de disfrutar las estrellas o las nubes, la luna o los cielos despejados. Ni los bailes, las copas, las risas, las fotos (esta la subo al tuenti en cuanto llegue a casaaaa... jajajajajaja), las charlas con unos y otros (tranquil@ cielo, paciencia, todo llega, pide y llegará, tu nuevo "presente" ya está de camino).
Gracias nuevamente Ablanque, por todo lo que eres y contienes, por aquéllo que te rodea y te contiene a ti. Gracias hogar por acogerme. Gracias Señor por traerme aquí.
jueves, 1 de diciembre de 2011
De vuelta a casa
Hoy he visto el mar. Es 30 de noviembre y el agua estaba helada. He dejado que lamiera mis pies, que mojara mis brazos, que salara mis labios, que refrescara mis piernas... Un par de grados más de temperatura ambiente y me habría bañado. No estaba más fría que el agua de la charca en septiembre. Hoy he descubierto otra playa diferente. Acostumbrada al bullicio de julio, al calor agobiante de agosto, al gentío, a ese mar multicolor de sombrillas, tumbonas, bikinis y bañadores, a ese sol alto cayendo con justicia sobre todos los incautos que no estén a la sombra, hoy he descubierto la otra playa.
Grande, inmensa, brillante, con un sol pálido y apático, una luz también pálida, más blanca de lo habitual (de lo conocido). Ciertamente me ha asombrado ver ese mar en calma, inmenso, enorme, sin bañistas ni motos de agua, sin patines de pedales ni yates al fondo. Sólo agua, una inmensidad de agua en calma. Hoy habría sido un magnífico día para ver amanecer. No desespero, algún día lo veré y escribiré sobre ello.
Un momento perfecto: los pies hundiéndose en la arena, ésta arrastrada por el agua, la espuma de las olas volviendo al mar desgajada y hecha jirones. Pequeñas conchas y piedras, parcialmente enterradas, creando surcos de formas caprichosas. Diminutos granos de arena birllando como si fueran polvo dorado, en un afán por imitar a su amado Astro Sol.
Y de fondo las risas de mis hijos jugando a que les cogen las olas, los grititos de Ruth perforando tímpanos, la risa franca, sincera y abierta de Alvaro, expulsando todo el aire de los pulmones para llenarlos de nueva vida. Y Lucía, tan pequeña y ya tan vergonzosa, sin querer que se le vean las bragas, estirándose la camisa una y otra vez, hasta que, ¡por fin!, se ha olvidado; y ha reído, corrido y gritado como sus hermanos.
Un momento perfecto, sí señor. Pero es una ciudad, y grande. Y ya no me gustan. A pesar de las tiendas, la peluquería, los bares y restaurantes y tantas cosas como ofrece, allí no se ven las estrellas, allí no existe el silencio. No, he vuelto a casa. Mal expresado: he vuelto a CASA, a MI HOGAR. Y no son las cuatro paredes: es el olor a leña ardiendo en las chimeneas, el reloj de la plaza dando la hora, los perros del Chifla ladrando a lo lejos, el cielo infinitamente estrellado y, sobre todo, por detrás de todo eso, el silencio. Se acerca el invierno y el silencio se echa encima, lentamente, despacio, pero inexorable.
Hoy he visto el mar y he vuelto a casa. En este instante, soy feliz, inmensamente feliz.
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