Ahora mismo, en este mismo instante, te amo. No puedo decir otra cosa. Y te amo tanto que no te llamaré, tanto que no te escribiré. Ya no. Te quiero libre, libre para elegir. Sí, nada te pido, nada espero. Sólo amarte. Para eso no necesito tu aprobación ni la de nadie. No necesito ni decírtelo ni que lo sepas siquiera.
Te amo y te quiero libre. Libre para ser tú, libre para alejarte de mi influencia, libre para alejarte de mis juicios. Te amo y te deseo cercano a mí, pero no te lo voy a pedir. Si algún día quieres lo mismo que yo a mí vendrás. Si algún tus deseos coinciden con los míos, nos encontraremos. Si me llamas acudiré.
Siempre estaré aquí, siempre te escucharé, siempre seré tu amiga. Pero no me dejaré caer nuevamente. Te voy a permitir fluir, seguir adelante, pasar a través mío. Te voy a dejar escapar. No usaré más mis armas de mujer. Ocultaré mis miradas, evitaré el contacto, me alejaré. Seguiré aquí, pero en la distancia. Tan cerca y tan lejos. No lloraré, seré feliz por ti. Y también por mí, porque así debe ser.
Te amo y te respeto. Y demostraré mi respeto dejándote libre, aceptándote como eres, no juzgando, no imponiendo, no intentando cambiarte.
Te agradezco que estuvieras, te agradezco cuando estás. Mi cielo, te deseo, te quiero, pero libre. Te dejo partir, daré media vuelta y buscaré mi camino, encontraré la enseñanza en el "dejar partir", aprenderé de ti y seguiré adelante.
Cielo mío, te quiero, te amo, te libero. Sé feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario